Marguerite Duras: Del amor y su invención, una búsqueda desenfrenada
Texto de Ana Cristina Carlós para la conferencia: Mujeres Célebres de la Cultura. Marguerite Duras
Artificio, creación, magia, misterio, esto es lo que el escritor nos propone en su acto para captar y atrapar la mirada de lector.
Marguerite Duras, escritora, fue una mujer excéntrica, seductora, e irreverente en la búsqueda de crear su propio personaje, como lo afirman sus más inteligentes biógrafos.
Enmarcada en su siglo, contemporánea a dos guerras mundiales, podemos observar que el amor, el erotismo, y la destrucción han estado entrelazados, participando de la escenografía de gran parte de sus obras, temas recurrentes que nos han brindado un fiel testimonio de la subjetividad de su tiempo.
Mujer de la cultura ha formando parte de la élite intelectual de su tiempo junto a grandes escritores y pensadores. Roland Barthes, Maurice Blanchot, Des Forêts, Georges Bataille, Queneau, Jacques Lacan, Simone de Beauvoir, Marguerite Youcenar, J.P. Sastre, entre otros.
Marguerite ha provocado todo tipo de reacciones, desde amores desmedidos, pasiones y juicios adversos, mas su meta fue la defensa de su libertad poética para dejar huella escrita de un saber que iba a contracorriente de la moral reinante, muchas veces extraño para ella misma, una vida en movimiento, un deseo desenfrenado, envolvente y voraz.

El psicoanálisis se acerca a la literatura para decir que la escritura resuena con la voz del inconsciente para aprehender lo que del inconsciente se decanta en la letra.
Sigmund Freud nos ha enseñado que el creador literario tiene la osadía de hablar en voz alta sus fantasías, sus fantasmas, sin pudor, sin inhibición, logrando así un reconocimiento social.
Nos había adelantado el valor del inconsciente, al indicarnos que, si se quería saber sobre la mujer deberíamos dirigirnos a los poetas y artistas para poder captar ese más allá en el que se sumerge y encierra el mundo femenino, y desde la escritura que se nos ofrece el testimonio del mismo.
Ese más allá donde las máscaras evidencian en su caída lo desmedido del amor, del sufrimiento, hasta tocar los excesos que delatan el goce femenino. Este es el escenario donde la escritora nos encierra, bajo el peso de su letra hasta bordear lo indecible en su intento de apresarlo y metaforizarlo.
J. Lacan se dirige al arte, a la pintura o la literatura, desde un profundo respeto y admiración hacia los creadores y nos advierte sobre ciertos desvíos cuando se pretende hacer de la vida del autor un psicoanálisis aplicado, es decir interpretar al autor.
En esta misma línea es que Roland Barthes en su texto “La muerte del autor” nos plantea que interpretar al autor como única meta para dar cuenta de su obra es el intento imposible de atrapar el sentido último del texto y que inevitablemente rompe con el enigma que permite la implicación del lector, que en definitiva es el verdadero destinatario del texto, y donde se abren infinitos sentidos.
Textualmente nos dice:
“De esta manera se desvela el sentido total de la escritura: un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino…”[1]
Es importante destacar que en 1965 Jacques Lacan va a rendir un cordial homenaje a Marguerite Duras, haciendo el elogio de su obra para ofrecernos ciertos hallazgos que nos permiten desentrañar las marcas que emergen de su escritura, analizando el texto “El arrebato de Lol V. Stein”.
Nos dice:
“Que la práctica de la letra converja con el uso del inconsciente, es lo único de lo que quiero dar fe al rendirle homenaje.”[2]
En esta dirección nos sumergiremos para poder captar el enigma que nos propone el escritor en tanto tiene una conexión privilegiada con su inconsciente que le permite realizar una transmisión de sus fantasmas, sus pasiones, del goce que está en juego en la escritura, como un emblema de la cultura. Es decir, que Marguerite escribe desde su historia, pero alberga en su seno toda la historia de la cultura que la precedió, del lenguaje que la habitó, y esto va más allá de cualquier historia personal.
La obra de Marguerite Duras sigue vigente porque uno de los temas mayores que ha proclamado hasta la obsesión fue la subjetividad humana, es decir, profundizó en el sentimiento que late en el corazón del alma humana. Describiendo en su obra la proximidad del sentimiento amoroso, la exaltación del cuerpo en el erotismo, hasta llegar a la expresión del más profundo y cruel desamor, recorriendo toda la gama de combinaciones en la búsqueda de una respuesta al enigma que suscita su pregunta sobre el misterio del amor ¿Cómo pueden unirse dos seres?
Recorriendo algunos de los textos más importantes podemos advertir que toda su obra está atravesada por diferentes preguntas bajo la misma esencia.
¿Qué es el amor? ¿El amor sirve para salvar la fragilidad de una existencia? ¿La falta de amor se amalgama a la destrucción?
Preguntas que me evocan la profunda soledad que enmarca a sus principales personajes femeninos, algunos de los cuales intentaré abordar.
Sus estudiosos y sus biógrafos insisten en que el amor se encuentra en todas sus obras, así Laura Adler, una de las biógrafas e investigadoras más completa, nos dice: “Fue por descontado la escritora del amor”.
¿Qué tipo de amor nos propone? Siguiendo esta línea intentaré seguir la gestación de los discursos amorosos que se ciñen en sus personajes femeninos, para seguir su huella escrita.
Sus personajes expresan en su obra la búsqueda desesperada del encuentro con el otro, que se erige como súplica para reanimar el impulso vital, frente a un ser que se pierde en al abismo de la desesperanza en el intento de encontrar en su seno un bálsamo que brinde alguna razón de existir, una esperanza.
Así en su texto «Ojos azules pelo negro”[3], Marguerite nos convoca al imperio de la mirada y nos invita a un encuentro por contrato, un ritual donde dos seres (un homosexual masculino y una mujer) intentan conciliar sus cuerpos en la búsqueda de un erotismo que se pierde en la imposibilidad. Mas ese imposible se resuelve en un acercamiento que parte de la evocación de un tercero, un hombre de ojos azules pelo negro. Constituyendo el fetiche privilegiado que da lugar a la desesperación de la pasión amorosa en el intento de un amor inconciliable, fundado en el rechazo.
Es desde su letra que podemos privilegiar en su escritura esa búsqueda incesante de eternizar la pasión como una verdadera solución ante la soledad que muestran los personajes femeninos y masculinos que diseña su letra. Donde la invocación del amor pasión sube a escena en el intento de encontrar una respuesta frente a la fragilidad de una existencia que puede llegar a la pérdida de sí, como lo muestra en una de sus más logrados escritos “El rapto de Lol. V. Stein”[4], verdadero testimonio que lleva a la protagonista al extravío y delata un amor muerto.
Marguerite Duras nos habla del inconsciente a cielo abierto y esto no supone que pueda dar razones de esa existencia, porque sus escritos alcanzan en su prosa tal vuelo poético que se extiende más allá de ella misma, de hecho Marguerite nos describe la extrañeza que supone para ella encontrarse con algunos de sus escritos una vez terminada la obra.
Su texto conmociona porque cuestiona desde su letra, las certezas del lector, imponiendo su horizonte, su moral, su deseo.
Creadora de ficciones, podemos decir que en sus personajes el amor se acerca a una verdadera creación frente al terreno que delata su ausencia, en tanto parten de la frialdad de una voz que ordena, del rechazo, del dolor desgarrador, de la manipulación, de la indiferencia del destino del otro, como vemos en el texto “El amante” de 1984[5], donde el clímax que lleva al encuentro de los amantes nos muestra un erotismo voluptuoso creado para aliviar la voracidad materna, donde el fetiche de un diamante es la clave del objeto precioso que encierra la fascinación de la mirada. “El amante”, obra clave de su testimonio por la escritura donde describe ese tránsito crucial, y ese especial clamor por la pasión que insistirá como huella esencial que nutre su escritura. Pasión de amor, voluptuosidad, pasión es sufrimiento.
En algunos de sus textos la autora nos introduce con personajes anónimos que deambulan junto a otros en la más profunda soledad, pero potencialmente combatientes en la búsqueda de un destello, un signo de aprobación. Muchas veces soliloquios, seres silenciosos, donde faltan las palabras para formular una demanda de amor.
En el Texto “El amor” (1971)[6], nos presenta tres personajes solitarios al borde del abismo. Una mujer en cinta, un caminante y un viajero, seres aislados, donde dos de ellos, marcados por el olvido de sus historias de vida, fuerzan un camino juntos donde un leve contacto, una palabra, se transforma en una esperanza, una posibilidad que desde las sombras encienda un poco de calidez.
Marguerite convierte la poética de la palabra amorosa en un interrogante crucial, transgrediendo todos los límites del ideal del amor, para aproximarse y crear ese último sentimiento que frene la caída de una vida sin rumbo, sin sentido, próxima a la muerte, así lo vemos delinearse en “Ojos azules pelo negro», “El Amor” (1997), «El Vicecónsul” (1966) y «Un dique contra el pacífico” (1950).
Artífice de su época, debemos decir que el colonialismo fue el escenario frecuente constituyendo el marco de varias de sus historias, donde la miseria, la locura y la sumisión se entremezclan con la firme opulencia de la vida burguesa. Es el caso de “El Vicecónsul” (1966)[7] donde asistimos a la unión entre locura y amor. Un personaje que junto a la emergencia de la locura siente por primera vez la llamada del amor hacia una mujer, Anne Marie Stretter, la esposa del embajador, pero su pasión se pierde en la imposibilidad de significar ese amor, no logrando encontrar el sentido del amor.
Volviendo a Lol V. Stein, es la reiterada y famosa escena del baile donde Lol es espectadora inerte del arrebato de su amado por otra mujer, donde queda en evidencia la cara más cruel del amor. Lol suspende todo contacto con el mundo, próxima a la muerte psíquica, a la despersonalización, extraña de sí misma, se rinde sin defensa cayendo todo su ser, su cuerpo y su alma en una oscuridad, ausente de palabra. Invención, creación de un lazo amoroso.
Las mujeres de Marguerite duras, en algunos de sus textos, constituyen personajes expuestos a la caída profunda del deseo, vidas aburridas, automáticas, que muestran profundamente la fragilidad del dolor de existir.
Seres sin nombre donde la nominación se desconoce durante todo el transcurso de la obra, tanto en “Ojos azules pelo negro» y en el texto “El amor”. También el personaje femenino del Amante.
Existe un hilo conductor que podemos observar en varios de sus textos, en “El Amante”, en “Un dique contra el Pacífico”, en los «Cuadernos de guerra” y en el “Amante de la china”, donde su letra nos indica que la locura acompaña al personaje omnipresente de una madre. El estrago materno insiste y convierte el lugar de su hija en una figura de manipulación. Donde la pasión amorosa le permite a la hija servir a ese Dios oscuro e implacable. Ese Otro primordial al cual se dedican todos los sacrificios.
Entiendo que en sus textos Marguerite produce bajo su letra la invención del discurso de la estructura amorosa a través de la producción de una pasión exaltada para adornar esas vidas solitarias, taciturnas, en algunas ocasiones encerradas en sí mismas.
Así, en su famoso texto “Moderato Cantabile” (1958) [8], el personaje femenino Anne Desbaresdes nos muestra a una mujer sin rumbo, interesada por la rutina de su hijo. El azar hace que encuentre un estímulo a partir de un hecho policial, donde logra encontrar la fuente de una pasión a partir de ser testigo de un crimen pasional.
El encuentro con un hombre en ese mismo bar donde acontece el hecho le permite evocar este episodio llegando hasta el límite de fantasear con ser la protagonista de este hecho. Surgiendo una obsesión sobre el crimen pasional que enciende su erotismo, como único medio de albergar un sentimiento amoroso.
Búsqueda de una pasión prestada, una vivencia ajena que adorne la propia soledad y desidia del personaje, envuelta entre alcohol y el aburrimiento más tenaz.
Otro de sus personajes femeninos, Anne Marie Stretter[9], presente en muchos de sus escritos como “El Vicecónsul” y Lol V. Stein, y en el film India Song, entre otros, es un personaje fascinante de un brillo irresistible que se presenta con su séquito de enamorados, encandilando a sus amantes, pero detrás de esa máscara, nos muestra el hastío y la presencia de esa frialdad seductora, donde el sexo no alcanza para lograr la continuidad y la complicidad de un encuentro.
Amor y muerte son solidarios de la pasión, pasión de amor.
Marguerite Duras, inventa el amor que en sus personajes emerge desde la pobreza afectiva, en la búsqueda incesante del brillo de una mirada para crearla y alcanzarla. Quizás el más atractivo de sus personajes femeninos sea logrado en “El amante”, donde la lujuria, la voluptuosidad y el amor se venden para saciar la voracidad materna cercana a la destitución subjetiva, mas el genio surge en la apuesta a la escritura.
Verdadera inventora del amor, es a través de su obra que nos ha ofrecido el deseo de trascender su tiempo, con su pasión por la lengua haciendo eco del valor de una palabra creadora.
Ana Cristina Carlós Fregenal
Psicoanalista y docente de formación Fundación Anna O.
Analista Miembro de Discurso Freudiano Escuela de Psicoanálisis.
Málaga, 23 de octubre 2012.
Bibliografía
Sigmund Freud.
Obras Completas.”El creador literario y el fantaseo” T.IX Amorrortu Editores S. A. Buenos Aires, 1976.
Jacques Lacan
El Seminario I « Los Escritos técnicos de Freud ». Editorial Paidos, 1988
El Seminario XX « Aun » Editorial Paidos, 1989
Intervenciones y Textos II. Cap. Homenaje a Marguerite Duras. Ediciones Manantial, 1988
Roland Barthes.
« La muerte del autor », 1978
Marguerite Duras
« Un dique contra el Pacifico. » Tusquet editores S.A Barcelona, 2008
«Moderato Cantabile » Les Éditions de Minuit, 1958, Paris
« L’amour »Ediciones Gallimard, 1971
« Les lieux de Marguerite Duras »Les Éditions de Minuit, 1977
« L’Été 80 » Les Editions de Minuit. 1980, Paris
« Ojos azules, pelo negro » Tusquet Editores, 1997
« Le ravissement de Lol V.Stein »Éditions Gallimard, 1964
« El amante » Diario El pais S.L. Madrid, 2002
« El Vicecónsul » Tusquet Editores, 1963, Barcelona
Adler Laure
“Marguerite Duras” Editorial Anagrama S.A.2000.Barcelona.
Santesteban, Olga de
« El Enigma de la Femineidad », Ediciones Semblant 2002
Textos inéditos, publicados en web:
«Discurso freudiano, Escuela de psicoanálisis»
«El acto de escribir»
«La escritura, la función autor, la función editorial»
«Poubelle, escribir y publicar no es lo mismo»
Rajlin Beatriz.
«El arrebato de Lol V. Stein y la forclusión del nombre del padre», inédito. Idem web
[1] Roland Barthes. La muerte del autor. 1968
[2] Jacques Lacan Intervenciones y textos II Homenaje a Marguerite Duras. El arrebato de Lol V. Stein.Pag.66. Ediciones Manantial, 1988
[3] Marguerite Duras, Ojos azules pelo negro. Tusquets Editores, 1997
[4] Marguerite Duras. Le ravissement de Lol. V. Stein. Éditions Gallimard, 1964
[5] Marguerite Duras. El amante, Ediciones Diario El Pais, 2002
[6] Marguerite Duras. L’amour.Editions Gallimard, 1971
[7] Marguerite Duras. ElVicecónsul.Tusquet Editores,1986
[8] Marguerite Duras. Moderato Cantabile, Les Éditions de Minuit, 1958
[9] Marguerite Duras. Les Lieux de Marguerite Duras. Les Éditions de Minuit, 1977