¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

Actividades y Noticias de la Fundación Anna O

Blog de la Fundación Anna O.

Fundación Anna O. - Noticias
Para el psicoanalista francés hoy la adicción al juego, al sexo, al trabajo, las toxicomanías… son síntomas de la desagregación de los lazos sociales devenidos de la crisis de las representaciones de la autoridad, entre otras. Allí Laurent revindica el papel del psicoanálisis, aunque “no produzca buenas noticias”
POR Pablo E. Chacón Revista Ñ. Clarín.com -  Ideas - 10/05/12 - 17:25 ver enlace

ERIC LAURENT. El psicoanalista francés en su última visita a Buenos Aires (David Fernández)

Contra las certezas universales, el psicoanalista francés Eric Laurent reivindica el lugar desacoplado de su práctica en el régimen de discurso dominante en la época, el de la ciencia. Y cuestiona los resultados de las “soluciones” globales al dolor de vivir, aplastado por un optimismo mercantilista que no hace más que generar nuevos inconvenientes y una angustia que a falta de brújulas singulares, se oscurece por medio de fármacos, drogas, soluciones inmediatas, compulsión y placebos como el consumo sin freno y la felicidad obligatoria. Esta es la conversación que sostuvo con Ñ digital en un aparte de su participación en el VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) que sesionó la semana pasada en Buenos Aires.

La crisis financiera global, ¿cómo encuentra a los analizantes, sometidos cada vez a efectos más nocivos que se venden como soluciones?

Los encuentra de manera más grave, más angustiados, perdidos. Diría que en los analizantes, el “efecto crisis” provoca una incertidumbre masiva. Esa angustia puede escucharse. Las cosas aparecen ensombrecidas. Existen más depresiones, una notable ausencia de deseo, según cada sujeto. Pero hasta los que están más animados, incluso los hipomaníacos, los que desafían al fetichismo del contexto, también están marcados.

Los síntomas ¿cambian, han cambiado en este año y medio?

Los síntomas son los que aparecen, los que ya aparecen: toxicomanías en general; todo (o casi todo) puede transformarse en algo adictivo; el juego, el sexo, el trabajo, etcétera; y como respuesta, al interior del discurso del amo, una mayor voluntad de vigilar, castigar, prohibir, que provoca en el sujeto, lógicamente, una creciente voluntad de destrucción. ¿Quieren prohibir? Entonces quiero más. Esto es muy común entre los jóvenes. Pero no sólo entre los jóvenes. Pero los jóvenes, de esa manera, demuestran la impotencia del otro, su megalomanía, sus maneras de sobrevivir a la punición. Porque también es evidente la transformación del ideal de juventud: ahora se trata de conseguir una juventud “eterna”.

¿Eso es lo que se llama la “infantilización generalizada”?

Digamos que la desagregación del lazo social es contigua a la caída de las representaciones de la autoridad y a las prohibiciones que implica. A pesar de que Freud dijo que en la cultura existe algo que no anda, un malestar, ahora hay un plus, un “más” que se intenta civilizar sin éxito, y que provoca el retorno de una voluntad de goce nueva, imparable. Y que por esa razón, de estructura, se produce un llamado de más vigilancia y más prohibición.

El sujeto del tardocapitalismo, inerme, desamparado, ¿cómo enfrenta la angustia?

El recurso más difundido hoy día es el uso de alcohol y drogas. Existen antecedentes: la prohibición del alcohol en los Estados Unidos durante un tiempo el siglo pasado. Esa política multiplicó los mercados negros y el consumo. Y lo mismo pasó con las drogas: prohibición, “permisividad”. Después, guerra contra las drogas. Y el efecto resultó el contrario al buscado. ¿Es una política? No lo descartaría. Ahora mismo, el consumo de drogas está globalizado. Y aparecen nuevas sustancias todo el tiempo. Además de mafias y armas a un nivel nunca visto. Y Estados de Derecho en peligro. México, por ejemplo, que está al borde de la catástrofe.

Legalizar el consumo, ¿no sería un principio de solución?

Es relativo. Pero sí cambiar de perspectiva. En la reciente cumbre de Colombia, el presidente de Guatemala dijo sobre este tema que habría que empezar a pensar en otro sistema. Y después lo hizo el presidente colombiano. Porque de atender a la dialéctica estadounidense sobre alcohol y drogas, el efecto es tanto un llamado al goce como a una mayor vigilancia. Pero liberalizar sin control es tan absurdo como soñar que se terminará la producción de sustancias. A mi juicio, no se trata de liberalización o prohibición total sino de adaptación: cómo puede ser regulada cada sustancia, para reducir el daño a los estados, a la gestión policial y a los sujetos. Eso implica un cálculo político. Entre el empuje al goce y la prohibición, el problema no se resolverá por una dialéctica que ya mostró sus resultados. Es necesario inventar instrumentos de orientación, incluso instrumentos legales nuevos para salir de esa falsa oposición, que es la doble cara de la pulsión de muerte.

¿Y qué está sucediendo con los llamados trastornos alimenticios, la anorexia, la bulimia, la obesidad?

Están en la misma serie anterior. Pero aclarando que esos males son propios de países que han “resuelto” el problema de la alimentación. Porque no es lo mismo en las zonas donde la comida casi no existe y lo que está en juego es la supervivencia. Pero en el caso de estar “resuelto”, puede verse que la pulsión oral es imposible de domesticar. Y tenemos también las dos caras: restricción o producción. Del lado femenino, existe una industria de la “belleza” anoréxica. Y del otro, la bulimia: en los Estados Unidos, en el lapso de una generación, se ha multiplicado el número de personas obesas. Y los factores son similares y distintos, y múltiples las determinaciones, como en el caso de las toxicomanías: destrucción del lazo social, ansiedad, demasiada azúcar, demasiada sal, producción de alimentos artificiales, etcétera. Y un dato nuevo: la voluntad de hacer desaparecer el tabaco… está muy bien: limitó el número de los cánceres de pulmón, pero sorpresa, aumentó la cantidad de casos de diabetes. Porque el tabaco era una manera de controlar el peso. Y el peso es un factor central en la diabetes.

Pero ¿no se hicieron estudios previos?

Existen médicos que reconocen que esos efectos -colaterales- no se calcularon. La  diabetes, ahora, es la causa de muerte más común en los países centrales. Esto no se puede resolver con una prohibición: prohibir el azúcar, el tabaco, la sal, las grasas. Esos son sueños… sueños de la razón que producen monstruos. Entre el empuje al goce y la prohibición, se producen impasses…

¿Cómo resolver esos impasses?

Creo que con soluciones “a medida”, para cada uno. Pensar soluciones globales, leyes universales que resuelvan esta situación, normas de salud impuestas por burocracias sanitarias, es otro sueño. Pero encontrar, cada uno, un camino entre estos impasses, eso es posible, de acuerdo a la relación particular que se tenga con el goce. Aclarando que el psicoanálisis no está en todos lados. Y que su dignidad como práctica implica cierto desajuste respecto a las normas de la civilización. El psicoanálisis no produce buenas noticias. No promete la felicidad inmediata. Pero lo más importante es que no es una ciencia. Y el régimen de discurso dominante es la ciencia. El psicoanálisis es una disciplina crítica, que constata los efectos de la ciencia. Es el discurso que comenta los efectos de la ciencia sobre la civilización. Y sobre los sujetos, uno por uno. Pero el modo de certeza del psicoanálisis también es criticado, es odiado, rechazado, porque no puede ser alcanzado fuera de la cura analítica.

¿Criticado, odiado, rechazado?

Efectivamente. Porque para obtener una certeza (singular), hay que pasar por la experiencia analítica. Eso es lo que se rechaza. La ciencia, en cambio, no supone ninguna experiencia singular. Supone la razón, el cálculo y el trabajo. El psicoanálisis ocupa un lugar extraño, como el de un inmigrante. Porque el orden simbólico, tal como se lo conocía, no existe más. Existen sólo las leyes de la ciencia. Pero la ciencia no puede dar cuenta de todo. La teoría de todo no existe. La difusión de la ciencia en este nuevo orden, hace que el sujeto sea enviado a sus angustias fundantes, sin saber cómo orientarse. Y la salida, en esta visible oscuridad, no parece pasar por las buenas intenciones, las religiones privadas o las variaciones new age.-

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31
Viernes, 08 Junio 2012 12:05

Visitar los corralones de Trinidad-Perchel

Escrito por

Desde la Fundación Anna O. os proponemos visitar mañana sábado los corralones de los barrios Trinidad y Perchel, una construcción típicamente malagueña que una vez al año se reivindica como ejemplo de arquitectura y convivencia.

Orgullo de corralones

corralones MálagaLa VIII Semana Popular de los Corralones de Trinidad-Perchel continúa el sábado, cuando será su clausura con una gala y una veladilla popular.

Málaga Hoy Por Victoria R. Bayona | 08.06.2012 ver artículo

La VIII Semana Popular de los Corralones de Trinidad-Perchel continúa hasta mañana sábado, cuando será su clausura con una gala y una veladilla popular. Mientras, sus puertas están abiertas a todo el que esté interesado en pasearse por estos tesoros escondidos de la ciudad, que han sido especialmente engalanados con motivo del concurso del que mañana se sabrán los ganadores.

Mucho verde y mucha variedad de color gracias a las macetas que decoran sus paredes, fuentes desde las que escuchar el agua caer y rincones en los que observar las tradiciones malagueñas se mezclan para vestir de gala los populares corralones de la Trinidad y el Perchel, aunque el resto del año también son dignos de admiración, gracias al mantenimiento de sus vecinos.

En el Concurso de Engalanamiento de Corralones, en el que han tomado parte 50 espacios, hay diferentes categorías, y de entre los que optan a la de Excelencia son las fotografías que se recogen en estas páginas. Además del Corralón Santa Sofía, en la calle Montes de Oca, s/n, donde tendrán lugar los actos previstos para mañana, merecen una visita especial: Fuentecillas, 3; Martinete, 2; Doña Trinidad, 3; Jara, 2 y 4; Jara, 3; Pasaje María la Faraona, 1; Plaza Montes, 6 y Trinidad, 89, que fue el corralón que resultó ganador en la última edición.

Entre los actos previstos para mañana sábado, de 17:00 a 20:00 se realizará la votación popular en la categoría Excelencia y a partir de las 20:30 se sucederá la celebración de la gala de clausura con una veladilla popular, con la entrega de premios, actuaciones flamencas y una barra.


La Trinidad y El Perchel

Los corralones pasan el examen

Una exposición reúne recuerdos y fotografías antiguas de los dos barrios

La Opinión de málaga Alfonso Vázquez 08.06.2012 ver artículo

 

La Trinidad y El Perchel viven hoy el último día de visita de los miembros del jurado que, armados con papeles y bolígrafos, recorren los corralones de los dos barrios para puntuarlos.

Medio centenar de patios divididos en dos categorías participa en el Concurso de Engalanamiento Floral y Tradicional de Corralones durante estos días en los que se celebra la VIII Semana Popular de Corralones de Trinidad-Perchel (la economía administrativa prescinde de los artículos de los dos barrios).

El jurado recorre durante un par de horas los patios participantes, puntuando de 0 a 5 aspectos como la acogida al jurado por los vecinos, la originalidad de la propuesta, el orden, el estado, la conservación y limpieza, así como los grados de decoración del patio interior y la fachada.

En la mayoría de los casos, el resultado final se debe al trabajo común de todos los vecinos del corralón, que tienen detrás muchas semanas para idear la decoración y ponerla en marcha, ya sea convirtiendo el patio en una plaza de toros, un rincón de la Alcazaba o transformándolo en un vergel con decenas de macetas cuidadas al detalle para que estén en perfecto estado de revista cuando llegue el examen.

El concurso, que premia este trabajo de todos, es también una forma de recuperar las calles engalanadas de hace medio siglo, sobre todo en el barrio de la Trinidad, cuando el Ayuntamiento de esos inicios de los 60 alentó esta tradición en unos barrios que en nuestros días han perdido a muchos de sus vecinos más antiguos.

Y como no todos los corralones tienen el mismo trato y aspecto a lo largo del año, se ha dividido en corralones de excelencia, que juegan una liga especial y los de las categorías A y B. Para la primera, la de excelencia, hay establecidos dos primeros premios de 600 euros, mientras que para las categorías A y B los tres primeros tendrán premios de 500, 400 y 300 euros, respectivamente. Además, habrá una mención especial de 200 euros para el corralón que tenga más puntos por la decoración de la fachada.

Los premios, cuyo importe servirá para invertirlos en los patios y mejorarlos, se comunicarán este sábado en el corralón de Santa Sofía durante la gala de clausura y veladilla popular.

Junto a este concurso, hoy jueves está previsto el último de los paseos por los corralones participantes. Aunque los paseos han sido acordados por varios colectivos, hay uno previsto para los malagueños y visitantes en general de 11 a 12.30 horas.

Las personas interesadas pueden acercarse al punto de encuentro, la puerta de la iglesia de Santo Domingo, donde les recibirá un técnico.
También puede visitarse la exposición Recuerdos de La Trinidad y El Perchel de 10 a 12.30 horas y de 17 a 21 horas y el sábado de 10 a 14 horas. Se trata de una muestra en la que grupos de vecinos y amigos de los dos barrios han recopilado y enmarcado copias de fotografías de distinta procedencia, maquetas de casas, películas y prospectos sobre las antiguas fiestas de la Trinidad.

La exposición puede visitarse en el centro de participación activa de mayores Málaga I Trinidad (calle Carboneros, 6, 1ª planta). Y hoy es el último día para participar en el certamen fotográfico Semana Popular de los Corralones, organizado por la asociación Arrabal. Las fotografías podrán entregarse en la sede de la asociación, en la calle Sevilla, 8, donde también se pueden recogerlas bases.

Corralones engalanados en un año en el que todos los grupos políticos del Ayuntamiento acordaron salvar de la piqueta un corralón de 112 años, fuera de estos dos barrios históricos, que iba a derribar la Junta: el corralón de las Dos Puertas, en las calles Curadero y Rosal Blanco. También allí los vecinos están de fiesta.

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31
06/09/2012 | infocop.es | Enlace a noticia

Según un estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la University College London (Reino Unido), el malestar psicológico nos puede hacer más sensibles a sufrir un accidente cerebrovascular.

Para este trabajo, publicado en la revista Canadian Medical Association Journal, se han analizado los datos de un estudio realizado con una muestra de 68.652 hombres y mujeres que participaron en la Encuesta de Salud de Inglaterra. La media de edad de los participantes fue de 54´9 años, el 45 % eran hombres y el 96 % de raza blanca.

Para la evaluación del malestar psicológico se utilizó el Cuestionario de Salud General (GHQ-12) y se incluyeron factores como la ansiedad, la depresión, los problemas de sueño y la pérdida de confianza. Además, se hizo un seguimiento durante 8 años, sobre las causas de muerte de los participantes.

Los resultados muestran que un 14´7 % de los participantes tenían malestar psicológico y que durante el seguimiento se produjeron 2.367 muertes por enfermedades cardiovasculares. Según estos datos, se vio que el malestar psicológico se asoció con una mayor probabilidad de muerte por enfermedad cardiovascular. Y que la asociación se mantuvo constante para el desarrollo de enfermedades específicas, como la cardiopatía isquémica.

Aunque no hay evidencias que vinculen de forma directa la angustia psicológica a la enfermedad cardiovascular, este estudio sugiere que los trastornos psicológicos están asociados con un mayor riesgo de muerte por enfermedades cerebrovasculares, como el ictus.

Se puede descargar el artículo completo sobre el malestar psicológico como factor de riesgo para las enfermedades psicológicas.

 

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31

02 ENE 12 | Alejandro Dagfal: entrevista | eldia.com

"Para el común de la gente no es sencillo determinar si tiene que consultar a un psicólogo, un psicoanalista o un psiquiatra.

Alejandro Dagfal es psicólogo e historiador, y ha investigado minuciosamente el desarrollo de la psicología en nuestro país. En esta entrevista, ofrece su mirada sobre la actualidad de este campo del conocimiento, así como el desafío de su corriente más difundida, el psicoanálisis

Por ANDRES RIVELLI

Como tantos, alguna vez Alejandro Dagfal sintió la curiosidad de saber el origen de esa figura tan fuerte de nuestra cultura que conocemos como psicólogo. A diferencia de otros, él mismo había egresado de la Universidad Nacional de La Plata con ese título, con lo cual el interrogante adquiría otra dimensión.

Tras casi diez años de investigación, muchos de ellos en Francia, en 2005, Dagfal defendió su tesis doctoral en Historia en la Universidad París VII, bajo la dirección de Elisabeth Roudinesco, una de las intelectuales francesas más reconocidas de la actualidad. Allí, a lo largo de más de cuatrocientas páginas, este psicólogo e historiador platense abordaba con una profundidad inédita la historia de la psicología en Argentina.

Con aquel trabajo como base, en marzo de 2009 editó el libro "Entre París y Buenos Aires. La invención del psicólogo (1942-1966)", en la prestigiosa editorial Paidós, obra que mereció, el pasado mes de agosto, el Primer Premio Nacional de Ensayo Psicológico (otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación).

Radicado nuevamente en nuestra ciudad, actualmente se desempeña como investigador del Conicet y es profesor adjunto en la cátedra de la Historia de la Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Pero si para algo sirve la historia, sin dudas, es para comprender el presente, y en este caso particular, el del complejo mundo de las especialidades relacionadas con el estudio de la psiquis.

"Si hay algo que resulta evidente para cualquiera que se interese en lo que podríamos llamar el campo 'psi' es que no hay una unidad. Digamos que para el común de la gente no es sencillo determinar si tiene que consultar a un psicólogo, un psicoanalista o un psiquiatra. Son preguntas de difícil respuesta, incluso para los propios practicantes de las disciplinas 'psi'", asegura Dagfal.

Como para aclarar un poco el panorama a quienes no estén familiarizados con estas disciplinas, el psicólogo-historiador aclara: "Por ejemplo, un psicólogo y un psiquiatra son profesionales que tienen un título habilitante, otorgado por la universidad, mientras que el título de psicoanalista no existe como tal, y menos en la universidad. Por más que los psicoanalistas gocen de muchísimo reconocimiento. En este sentido, para la gente que no está empapada en este tipo de temáticas todo resulta bastante confuso, porque se trata de un panorama disciplinario que tiene múltiples atravesamientos, en el que, según la teoría que se siga, va a ser diferente la dirección de la cura, porque también se conciben de una manera diferente las causas de la enfermedad. No digo esto para intranquilizar al público, sino como para asumir una realidad que es la fragmentación del campo 'psi'".

FREUD Y EL PSICOANALISIS

Sin embargo, en el imaginario popular de nuestro país, la figura del psicólogo está emparentada con la imagen de Freud, el inconsciente y otros conceptos teóricos propios del psicoanálisis.

"El psicoanalista puede ser psicólogo, puede ser psiquiatra o puede no tener ningún título universitario, siguiendo los preceptos establecidos por Freud, quien fue el fundador tanto de la doctrina como de la práctica psicoanalítica. El psicoanálisis es una teoría particular porque, a pesar de haber muchas teorías dentro del campo 'psi', es la única que ha dado lugar a un movimiento institucionalizado. De hecho, el psicoanalista es el resultado de una formación que poco tiene que ver con el ámbito universitario. Si bien se enseña en la universidad, aquéllos que se dicen psicoanalistas no lo hacen por haber recibido el título de psicólogo o de psiquiatra, sino porque han tenido una formación analítica en instituciones específicas por fuera de la universidad. Pero también los hay que se dicen psicoanalistas siendo autodidactas, con lo cual es un tema bastante complejo, en la medida en que el público, generalmente, no sabe bien de qué se trata ni con quién se trata".

En forma breve, ¿cómo definiría al psicoanálisis?

"Es una teoría particular dentro de un campo complejo que se basa en los descubrimientos de Freud, principalmente. Tiene algunos principios fundamentales como son la transferencia y el inconsciente. La primera define a una relación terapéutica con una persona específica, que a su vez sirve de pantalla en la cual el paciente puede proyectar conflictos pretéritos con otro tipo de figuras, con el fin de resolverlos de una manera menos dolorosa. De allí que Freud considerara que la transferencia era algo así como el 'motor' del tratamiento. La existencia del inconsciente, por su parte, implicaría que lo que somos está determinado por lo que ocurre en 'otra escena' de la que sabemos muy poco. Esto hace que los psicoanalistas induzcan, de alguna manera, una especie de descentramiento, de invitación a ir más allá del control del yo, del control de la conciencia, para ser más claros. Por eso, el mismo dispositivo analítico se basa en la asociación libre (esta idea de que el paciente diga lo que se le viene a la mente, tan popularizada en nuestra cultura). En esa dirección, el diván (que evita la relación cara a cara), el silencio del analista, lo que buscan es que, a partir de esa transferencia y de esa dimensión inconsciente, los conflictos que motivan la consulta puedan expresarse en el curso de las sesiones analíticas, yendo mucho más allá de lo que el sujeto sabía sobre ellos el día en que decidió acudir a un psicoanalista".

LOS DESAFIOS ACTUALES

Indudablemente, el psicoanálisis es la forma de psicoterapia más popular en nuestro país. Es la que ha tenido mayor difusión en todos los ámbitos, desde la televisión, pasando por los medios gráficos, e incluso en el teatro o el cine. Es conocido que Argentina tiene una de las tasas más altas de psicoanalistas por habitante en el mundo. Pero esa popularidad también implica grandes desafíos para esta teoría.

"Freud creía que el psicoanálisis estaba destinado a traer a la luz conflictos inconscientes que implicaban representaciones inadmisibles para la conciencia, ya sea ideas vinculadas con la muerte o con el sexo, que de un modo u otro resultaban insoportables. Entonces, al menos en nuestro país, cabe preguntarse ¿qué pasa cuando una doctrina que está destinada a ser resistida se convierte en un discurso normativo y hasta hegemónico? En las universidades públicas hoy en día el psicoanálisis tiene un lugar muy importante y es algo así como la matriz teórica dominante en la formación de los psicólogos argentinos. Entonces, se impone otra pregunta: ¿qué pasa con el carácter contracultural que debería tener el psicoanálisis para mantener su poder cuestionador? ¿Qué pasa con el carácter revulsivo de las verdades inconscientes cuando el psicoanálisis se ha popularizado o se ha banalizado de esa manera?".

Esa confusión entre psicólogo, psiquiatra o psicoanalista que señalaba habla de este desdibujamiento de lo que ofrece cada uno.

"Por eso, independientemente del título profesional de quien lo ejerza, uno de los grandes desafíos es recuperar ese costado cuestionador inherente al psicoanálisis, y por otra parte que, en ese movimiento por recuperar su capacidad de cuestionamiento, el psicoanálisis logre reinventarse de tal forma que pueda dar respuesta a los desafíos más actuales. En este momento, los pacientes no son los que atendía Freud hace más de un siglo (esas histéricas con los brazos paralizados de los primeros historiales freudianos). Hoy tenemos anoréxicas, toxicómanos, depresivos, gente que lo último que quiere hacer es ir a tirarse a un diván y asociar libremente. El desafío es cómo se hace, en un momento en el cual es difícil que la gente crea en algo, para recrear una relación que justamente se basa en una creencia, esta de que el analista es depositario de 'algo' que puede curar al paciente. ¿Cómo hacer, en una época en la que prácticamente se han deshecho todo tipo de lazos de dominación, para que se pueda crear esta forma de dominación artificial que implica la transferencia, que es algo así como la palanca de la cura".

¿Cómo se logra esto en una sociedad como la actual?

"Sin dudas no es sencillo. Creo que ha habido grandes cambios por parte de la comunidad analítica para adaptarse a estos desafíos. Sin embargo, también es cierto que muchos pacientes comienzan a descreer del psicoanálisis y adoptan otro tipo de caminos que parecen ser mucho más atractivos y más cortos. Una célebre historiadora del psicoanálisis ha dicho que así como el siglo XIX fue el siglo de la psiquiatría, y el siglo XX fue el del psicoanálisis, el siglo XXI sería el de las psicoterapias, en la medida que éstas prometen eficacia a corto plazo, lo cual las hace más atractivas para lo que reclama el aire de los tiempos. Por más que ese espíritu de época no conduzca a nada bueno".

EL PESO DE LA INSTITUCIONALIZACION

Para Alejandro Dagfal, un tercer desafío para el psicoanálisis estaría ligado a lo institucional, dentro de las instituciones analíticas mismas.

"Me parece que hace falta una adaptación de las formas organizacionales para que estén a tono con el discurso del que son portadoras. Para decirlo con un ejemplo concreto, siendo que el psicoanálisis se vale de la transferencia para lograr determinados efectos terapéuticos, al final de un tratamiento la idea es que esa transferencia se disuelva. En cambio, en las instituciones, suele ocurrir lo contrario: esas transferencias se estimulan porque generan mayor cantidad de seguidores o de miembros. En ese punto, las instituciones analíticas tienden a ser más conservadoras que transformadoras. Creo que ese tipo de contradicciones suelen ser callejones de difícil salida para el psicoanálisis mismo", afirma el historiador.

Algo similar ocurre en el ámbito de la universidad, donde el psicoanálisis ocupa un lugar predominante.

"El psicoanálisis no nació en la universidad ni necesitó de ella para expandirse. Freud tuvo, en ese sentido, que generar todo un movimiento por fuera de las instituciones y particularmente, por fuera de la universidad, que no lo aceptaba. Su ingreso a ese ámbito académico fue bastante tardío. No obstante, hoy en día, en Argentina se da una situación muy especial, sobre todo en las universidades públicas, en las que el psicoanálisis detenta un rol hegemónico. Y, como ya lo señalé, este lugar de privilegio implica responsabilidades ampliadas. Creo que el hecho de que el psicoanálisis hegemonice la formación de los psicólogos en la Argentina no está ni mal ni bien (siempre hay una teoría que predomina; en casi todo el resto del mundo se trata del cognitivismo). Pero ese lugar de privilegio implica la responsabilidad de estar a la altura de ese desafío. Con la transmisión universitaria a veces se corre el riesgo de repetir consignas huecas, como muletillas, con lo cual esas verdades supuestamente contraculturales y revulsivas del psicoanálisis terminan perdiendo su filo, se terminan asimilando en un discurso que pierde de vista sus orígenes, su fines y hasta su esencia".

Al mismo tiempo, las instituciones analíticas, según vimos, no están exentas de este mismo tipo de dogmatismos, que se sostienen en el principio de autoridad. "De pronto, las cosas dejan de ser ciertas porque se verifican en los resultados de una práctica, sino que lo son porque las dijo 'el maestro', ya sea que se trate de Sigmund Freud o de Jacques Lacan, su célebre discípulo francés. En ese contexto, para decirlo brevemente, creo que uno de los grandes retos para el psicoanálisis de nuestra época reside en que los psicoanalistas puedan hacer el duelo de sus propios ídolos. Sólo de ese modo podrán ayudar a que los pacientes hagan el duelo de los suyos".

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31

3ª MUESTRA DE CINE DE DERECHOS HUMANOS

Málaga del 7 al 11 de octubre 2013 en la Sala Alameda Cajamar de Málaga, Alameda Principal 19 a partir de las 18 horas

Miércoles 9 de octubre: Temática: MUJER

Proyección: "Vete y vive" dirigida por Radu Mihaileanu

Sinopsis: La operación Moisés auspiciada por Israel y EEUU desplaza a cientos de miles de refugiados judíos etíopes (falashas) refugiados en Sudán a Israel. Una madre cristiana hace pasar a su hijo por judío para mandarlo a Tel Aviv y salvar su vida .El niño crece con el miedo a ser descubierto. Es negro pero no es judio, ni huérfano.

Invitada:

Ana Cristina Carlos. Psicoanalista de la escuela de formación de terapeutas de la Fundación ANNA O.

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31
Martes, 01 Octubre 2013 10:48

1 de octubre: día europeo de las Fundaciones

Escrito por

Logo día europeo de las fundacionesSe trata de una iniciativa de DAFNE (Donors and Foundations Networks in Europe) que se celebra en doce países hoy, 1 de octubre, con el fin de que la sociedad mejore su conocimiento sobre estas entidades.

Por primera vez, fundaciones de todo el continente se unen en una acción común que subrayará el valor de su trabajo mediante la celebración de actividades simultáneas. La Asociación Española de Fundaciones es la organización que promueve esta iniciativa en España.

El sector fundacional europeo está actualmente integrado por más de 110.000 fundaciones que generan entre 750.000 y un millón de empleos directos; y un gasto anual entre los 83 y 150 billones de euros. Se trata por tanto, de un sector en crecimiento con un importante impacto en el desarrollo socio-económico de la UE.

Las fundaciones europeas operan en tantas áreas de actividad como necesidades y demandas ciudadanas existen, entre ellas: cultura, educación- investigación, medio ambiente, servicios sociales, sanidad, y actividades internacionales.

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31
Jueves, 10 Octubre 2013 12:11

Día Mundial de la Salud Mental

Escrito por

El déficit en el tratamiento de trastornos mentales, neurales y por abuso de sustancias es formidable, sobre todo en los países de escasos recursos. El Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada año el 10 de octubre, aspira a acrecentar la conciencia del público en torno a los problemas de salud mental.

Este jueves, 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una efeméride instituida en 1992 por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) y auspiciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se celebra en más de un centenar de países con el objetivo de informar y sensibilizar a la población acerca de los trastornos mentales, enfermedades que, según las estimaciones de la propia OMS, padecerán a lo largo de su vida una de cada cuatro personas de todo el planeta –en torno a 1.700 millones de personas.

Modificado por última vez en Martes, 12 Febrero 2019 11:58

Infocop Revista oficial Consejo General de la Psicología de España ver artículo

Aída de Vicente, Silvia Berdullas, Cristina Castilla y Susana Villamarín

Mayo de 2013 será recordado como un momento crítico en la historia de la salud mental. Ese es el mes en que salió a la luz la controvertida y esperada última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders): el DSM-5. Con cerca de 150.000 pedidos anticipados y con una recaudación de partida de más de 30 millones de dólares (unos 22 millones de euros), el manual de la Asociación Americana de Psiquiatría se ha situado entre los 10 libros más vendidos de Amazon desde su primer mes de lanzamiento.

Entre otras novedades, la nueva versión ha pasado a denominarse “DSM-5”, con números arábigos en vez de romanos como sus predecesores, para “poder identificar más fácilmente las siguientes actualizaciones”, en las que la Asociación Americana de Psiquiatría ya está trabajando y que saldrán a la luz cada pocos años, dándose a conocer como versiones 5.1, 5.2, 5.3., etc.

Actualmente, el nuevo manual describe 324 diagnósticos psiquiátricos, que abarcan desde la discapacidad intelectual hasta el trastorno de personalidad dependiente, pasando por un amplio listado de trastornos de la eliminación, neurocognitivos, relacionados con sustancias y otras adicciones, depresivos, de ansiedad, bipolares, disociativos, sexuales o disruptivos, entre otros.

Junto a un exitoso lanzamiento, la publicación del DSM-5 ha ido acompañada, como viene siendo habitual, de una intensa polémica, que esta vez, no obstante, ha traspasado las fronteras de la prensa científica, calando de lleno en los medios de comunicación de masas. En tan sólo un mes, han salido a la venta dos libros sobre el tema, “Saving Normal” (“Protegiendo la normalidad”, de Allen Frances) y “The Book of Woe” (“El libro de Woe”, de Gary Greenberg), se han publicado cientos de artículos de discusión y se han lanzado importantes campañas de recogida de firmas a escala mundial, advirtiendo de los peligros que entraña el uso del DSM-5.

La polémica se ha centrado, entre otras cuestiones, en la falta de validez de las diversas categorías diagnósticas, en el riesgo de presentar los diagnósticos como realidades objetivas (en vez de como juicios clínicos basados en la opinión de expertos y, por tanto, sujetos a sesgos), en la escasa utilidad de este sistema de clasificación de cara a implementar el mejor tratamiento basado en la evidencia, en su encuadre en el modelo biológico para la comprensión de la naturaleza de los trastornos mentales y, consecuentemente, en el protagonismo de la medicación, en la descontextualización de los problemas de salud mental de la experiencia personal y del contexto social, familiar o cultural del paciente, y, específicamente, en la excesiva ampliación de diagnósticos que recoge esta última versión. Tal y como  han apuntado algunos medios de comunicación, cualquier persona, bajo la visión del nuevo DSM-5, podría ser diagnosticada de, al menos, cuatro trastornos mentales de reciente creación, como el trastorno por atracón (comer en exceso más de 12 veces en tres meses), el trastorno de excoriación (rascado compulsivo de la piel), el trastorno de acaparamiento (dificultad persistente de desprenderse de objetos, independientemente de su valor) y el trastorno de sintomatología somática (preocupación “desproporcionada” hacia la propia salud y al menos, manifestación de un síntoma físico, como dolor de cabeza persistente) (Five new mental disorders you could have under DSM-5). En palabras del conocido psiquiatra Allen Frances, uno de los principales opositores al DSM-5, que además formó parte del grupo de trabajo de la versión anterior del DSM: "el DSM-5 será una bonanza para la industria farmacéutica, pero a costa de un enorme sufrimiento para los nuevos pacientes falsos positivos que queden atrapados en la excesiva amplia red del DSM-5".

Además del blog personal de Allen Frances (Psychology Today), cobra especial relevancia el grupo de activistas (procedentes de muy diversas disciplinas como la Medicina, la Psicología o el Trabajo Social, entre otras) que han creado la plataforma Boicot al DSM-5 (Boycott DSM-5). A través de esta página, los creadores dan a conocer a pacientes y familiares los diversos estudios científicos -elaborados por prestigiosos investigadores como S. Kirk, H. Kutchins o R. Bentall-, que demuestran que los diagnósticos del DSM tienen poco sustento científico, es decir, carecen de validez de constructo y escasa fiabilidad interjueces. La plataforma está recogiendo firmas para abolir el uso de este sistema de clasificación, animando a los usuarios de los servicios de salud a que se nieguen a ser diagnosticados según los criterios del DSM-5. “Con la utilización del DSM-5 se expandirán drásticamente los diagnósticos psiquiátricos, y millones de personas serán erróneamente etiquetadas como ‘enfermas mentales’, siendo innecesariamente medicadas”, advierten también.

No obstante, si bien la polémica ha sido objeto de una gran actividad, lo que ha marcado una diferencia histórica ha sido que se ha resquebrajado, por primera vez, la confianza de grupos e instituciones significativas en salud mental, que hasta ahora habían mantenido su apoyo hacia este sistema de clasificación y hacia la Asociación Americana de Psiquiatría, generando un ambiente de desconcierto entre profesionales, investigadores y pacientes.

De esta manera, la primera gran sacudida se produjo días antes de salir a la luz el DSM-5, con el comunicado emitido por el neurocientífico y psiquiatra, Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health - NIMH), -el mayor proveedor de fondos económicos para la investigación en salud mental de todo el mundo- en el que anunciaba que dicha institución se desligaba de la clasificación DSM, debido a su “falta de validez”. Insel instaba a los científicos e investigadores a prescindir del uso de los criterios diagnósticos del DSM, alentándolos hacia la búsqueda de marcadores biológicos que permitan identificar síntomas de enfermedad mental, en un proyecto denominado Criterios de Dominio de Investigación (Research Domain Criteria). La nota motivó una dura respuesta por parte de la Asociación Americana de Psiquiatría, que recordó, a su vez, la falta de respaldo científico, después de décadas de investigación, del proyecto de búsqueda de biomarcadores defendido por el NIMH (ver: El debate mundial generado por el DSM-5).

Por su parte, los psicólogos representados por la Asociación Americana de Psicología (American Psycological Association) también se han manifestado en contra de la utilización del DSM-5. En marzo de 2013, esta Asociación elaboró la Declaración Pública de Preocupación sobre la Confiabilidad, Validez y Seguridad del DSM-5 (Statement of Concern About the Reliability, Validity and Safety of DSM-5), un documento en el que detalla las graves limitaciones del nuevo DSM. Asimismo, a través de la plataforma ipetitions ha lanzado dos campañas de recogida de firmas, (http://www.ipetitions.com/petition/dsm5/ y http://www.ipetitions.com/petition/protectnormal/), en las que se insta a “los profesionales, los investigadores, los seguros médicos, los editores de revistas, los responsables sanitarios, la industria farmacéutica y los medios de comunicación, a que eviten el uso del DSM-5”. La campaña ha sido apoyada por más de 15.000 firmantes y cerca de 50 organizaciones del ámbito de la salud mental de todo el mundo, incluido el Consejo General de la Psicología de España.

Fuera de EE.UU, el debate ha sido especialmente candente en el Reino Unido. Tal y como informamos hace unos meses a través de Infocop, la Asociación Británica de Psicología (British Psychological Association - BPS) aprovechó la coyuntura para solicitar un cambio de paradigma en salud mental, manifestando públicamente su oposición tanto a la utilidad de los sistemas de clasificación diagnóstica DSM y CIE, como a la aplicación del modelo biomédico para la comprensión de los trastornos mentales -y por lo tanto, a la búsqueda de marcadores biológicos-. En un comunicado histórico, la BPS señala las graves carencias y perjuicios que supone la aplicación del modelo de “enfermedad y diagnóstico” en salud mental, y se decanta hacia la utilización del sistema de formulación psicológica, frente a los diagnósticos psiquiátricos, apoyando su afirmación en los numerosos estudios que dan cuenta de que “existen pruebas concluyentes de que el sufrimiento humano es el resultado de una compleja combinación de factores psicológicos y sociales” (más información en: La Asociación Británica de Psicología llama al cambio de paradigma en salud mental).

Aunque parezca sorprendente, esta llamada al diálogo para reformular la conceptualización de los trastornos mentales y la manera de abordarlos, también ha sido solicitada “formalmente” por un grupo de psiquiatras del Reino Unido. En una acción sin precedentes, la Red Internacional de Psiquiatría Crítica (International Critical Psychiatry Network- ICPN), liderada por el doctor Sami Timimi, presentó, en mayo, una petición formal al Colegio de Psiquiatras de este país para la abolición de los sistemas de clasificación diagnóstica, acompañando dicha petición de una campaña de recogida de firmas en la plataforma Change.org. Tal y como advierte el comunicado del ICPN: “Los principios en los que se sustenta el DSM son, de partida, erróneos, puesto que se basa en convertir en enfermedades un amplio rango de reacciones normales frente a circunstancias vitales, que más tarde se convierten en el objetivo de las industrias farmacéuticas, que elaboran medicaciones tóxicas para esas mismas supuestas enfermedades” (…) ”El proyecto del DSM no se puede justificar, ni en sus principios teóricos ni en la práctica. Tiene que ser abandonado para que podamos encontrar formas más humanas y eficaces de responder a la angustia mental”.

Todas estas acciones, procedentes de reconocidas instituciones y grupos de profesionales dentro del ámbito de la salud mental, han sembrado el desconcierto en la comunidad científica y el público general. Frente a estas voces críticas a los sistemas diagnósticos, todavía son muchos los profesionales, investigadores y pacientes que defienden su uso, alegando la necesidad de un lenguaje común para guiar la investigación y la práctica clínica. Con la finalidad de abordar este debate de actualidad y conocer las alternativas existentes más allá de las clasificaciones diagnósticas, Infocop online abordará mañana el estado de la cuestión de la mano de Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo.

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31

Infocop Revista oficial Consejo General de la Psicología de España - ver artículo

"Alternativas a las clasificaciones diagnósticas no faltan" - Entrevista a M. Pérez Álvarez, catedrático de la Universidad de Oviedo

Marino PérezEl modelo biomédico y los diagnósticos psiquiátricos imperan, hoy en día, en la forma de evaluar y tratar los problemas de salud mental. No obstante, este año, coincidiendo con la publicación del DSM-5, se han vertido importantes críticas, algunas desde figuras representativas de la propia Psiquiatría, hacia este modelo y hacia los sistemas de clasificación diagnóstica en los que se apoya, estableciéndose un debate sin precedentes en la historia de la salud mental.

Con el objetivo de conocer los fundamentos y las críticas que se han vertido hacia estos sistemas de clasificación, así como explorar la existencia de otras alternativas a los diagnósticos psiquiátricos, Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, expone, en esta entrevista, el estado de la cuestión.

ENTREVISTA

El enfoque predominante en salud mental es el modelo biomédico de enfermedad. ¿Podría explicarnos cuáles son los principios de este modelo de atención?

El modelo biomédico no es unívoco, sino variado: infeccioso, traumático, orgánico, sistémico, sindrómico, biopsicosocial y psicofarmacológico. Todas estas variedades están de alguna manera presentes y funcionando en Psiquiatría y Psicología. De todos ellos, quizá los más influyentes sean los dos últimos. Mientras que el modelo biopsicosocial es aclamado por psiquiatras y psicólogos como si no fuera biomédico, seducidos seguramente por el acoplamiento de los aspectos psico y social, siendo en realidad un eclecticismo al servicio bio- (un modelo en realidad bio-bio-bio con ribetes psico y sociales), el modelo psicofarmacológico es claro en Psiquiatría (aunque equivocado y a menudo nocivo) a cuenta de la medicación y está camuflado en Psicología a cuenta de supuestos mecanismos cognitivos averiados a tratar con presuntas técnicas específicas. Donde en psicofarmacología se invocan desequilibrios químicos que supuestamente corrige una medicación específica anti-esto o lo otro (lo que nada es cierto: ni el desequilibro, ni la medicación específica, si acaso algo es cierto es el desequilibrio después de la medicación), en Psicología se invocan esquemas disfuncionales (depresógenos, etc.) a tratar con técnicas específicas (reestructuración cognitiva para eso y lo otro) que, como en el caso de la medicación, de específicas no tienen más que el nombre. En general, el modelo biomédico supone una avería o disfunción interna, en el aparato nervioso o, para el caso, psíquico o mental, de la que derivarían los problemas observados (síntomas), a corregir mediante tratamientos presuntamente específicos (medicación o técnicas psicoterapéuticas o cognitivas).

¿En qué datos empíricos se sustenta este modelo para su aplicación a los trastornos mentales?

El mayor sustento de este modelo es el poder institucional, que no sabe pensar lo que le pasa a la gente más que en términos biomédicos (neurobiológicos), como si sus problemas fueran enfermedades como otras cualesquiera. No sólo es de esta manera porque así lo piensa el psiquiatra por su complejo de médico, y el psicólogo clínico quizá por su propio complejo de psiquiatra, sino así piensa el sistema, con sus diagnósticos y estadísticas (no en vano valiéndose de manuales diagnósticos y estadísticos) y prestación de servicios con base en la medicación. La industria farmacéutica es el poder en la sombra del modelo biomédico que domina en los sistemas de salud mental.

En términos de investigación empírica, este modelo se sustenta en estudios controlados aleatorizados, donde pacientes definidos por una condición clínica (un diagnóstico) se distribuyen aleatoriamente a un grupo u otro a fin de comparar un tratamiento que se quiere probar con otro tratamiento ya conocido, o con un grupo de control (placebo, paso del tiempo, tratamiento usual). Esta lógica deriva de la medicina basada-en-la-evidencia, de donde pasó a la Psiquiatría. Cuando la Psiquiatría utilizó esta lógica, parecía mostrar que la medicación era el tratamiento de elección para la mayoría de las condiciones clínicas, quedando la terapia psicológica como mera coadyuvante, secundaria en importancia (charla) y en el tiempo (por si fuera necesaria).

Ello llevó a las terapias psicológicas a mostrar su posible eficacia de acuerdo con esta lógica que, no está de más advertir, es la que conviene a la medicación. Y así y todo, se mostró que no hay prácticamente ningún trastorno de los usualmente definidos que no tuviera un tratamiento psicológico eficaz, tanto o más que la propia medicación, con la ventaja de no acarrear los conocidos inconvenientes de ésta. En una primera instancia, la terapia psicológica de más probada eficacia resultaba ser la terapia cognitivo-conductual, lo que daba a entender que otras terapias no eran eficaces o, al menos, su eficacia no estaba probada. Así, por la cuenta que les tenía, otras terapias como la psicoterapia psicodinámica, la terapia sistémica y la terapia humanista se apresuraron a mostrar su eficacia de acuerdo con esta misma lógica. Y, en general, la mostraron. En particular, la terapia humanista abrió un nuevo frente, mostrando que quizá son las relaciones, más que las técnicas, lo que hace eficaces a las terapias. El caso es que ahora se tiene una variedad de terapias psicológicas eficaces, con la polémica abierta de en qué medida su eficacia es debida a las relaciones, a las técnicas o a su interacción.

Con esa lógica de investigación se solucionó el problema de que las terapias psicológicas no quedaran fuera del mapa, arrasadas por la medicación, pero se abrieron otros problemas relativos a su funcionamiento. Se sabe que son eficaces, pero no está claro por qué y cómo lo son: únicamente lo tienen claro los fundamentalistas de cada terapia. Respecto a la medicación, tampoco se sabe cómo funciona. Lo que se sabe es que su posible utilidad no radica en que corrija condiciones neuroquímicas causantes de trastornos (que no están establecidas) sino, curiosamente, en que el desequilibrio o toxicidad que la propia medicación produce puede ser útil en suprimir o enmascarar síntomas.

Al final, esta lógica de investigación consistente en estudios controlados aleatorizados no es la última palabra, ni el camino futuro de la investigación en psicoterapia. Así, por ejemplo, lejos de aclarar por qué y cómo funcionan las terapias, deja todo en la oscuridad. Por otra parte, se basa en diagnósticos psiquiátricos que, como es conocido y reconocido hasta por la propia psiquiatría, carecen de validez. Por si fuera poco, lejos de ser lo mejor que se puede ofrecer a los pacientes, incurre fácilmente en una protocolización (nomotética) que pierde el carácter ideográfico, centrado en el caso, de la Psicología Clínica (y de la Psiquiatría que se precie). Con todo, los clínicos no tienen por qué ir a ciegas, a salto de mata o, como si dijéramos, por libre, más que por ineptitud, vagancia o extravagancia.

Este enfoque de enfermedad en salud mental, ¿qué implicaciones tiene para la práctica clínica? ¿Y para los pacientes?

El modelo biomédico determina la manera de pensar de las instituciones y de los profesionales, como si los problemas que atienden fueran enfermedades. Así, se forman y formatean psiquiatras y psicólogos especialistas a imagen y semejanza de una especialidad médica, una especie de internistas de la mente, como si los síntomas brotaran de una avería en el cerebro-mente -tal es una confusión al uso-. Si la práctica clínica está formateada al modo biomédico, los pacientes también lo están, con la ventaja de que ya vienen de casa aleccionados por el marketing farmacéutico.

El caso es que los pacientes se merecen algo mejor que un diagnóstico al uso y unas pastillas y barnices psicológicos. Para empezar, el propio rol de paciente puede ser prejuicioso. El llamado “paciente” es, en realidad, un consultante o usuario de unos servicios. Por lo pronto, también, el consultante se merecería una información de opciones. No meramente si quiere “pastillas” o “hablar”. Sino una información “hablando claro”, como dice la psiquiatra Moncrieff, acerca de lo que da de sí la medicación psiquiátrica. Por su parte, el “hablar” según se perciben las terapias psicológicas puede ser el verdadero tratamiento psicológico, sabido que una acepción de “tratamiento” es hablar de un asunto para entender lo que pasa y hacer algo para solucionarlo. Efectivamente, una acepción de “tratamiento” del diccionario de la Real Academia Española es “un modo de trabajar ciertas materias para su transformación”.

Para el caso, las materias (“causa material”) de las que se hacen los problemas psicológicos serían los problemas de la vida (pérdidas, conflictos, decepciones, frustraciones, agobios, crisis…). Tengo para mí que el tratamiento de un tema o problema en una reunión ofrece un modelo para el tratamiento psicológico más adecuado que el tratamiento médico caracterizado por la medicación o la intervención quirúrgica.

El problema de la información, hablando claro, sería para el sistema de salud. Si los pacientes o usuarios eligieran, con la debida información, probablemente elegirían a los clínicos que les escuchan y hablan de los asuntos que les importan. De modo que, quienes lo hicieran así, se cargarían de trabajo sin ganar más, aparte quizá de ojerizas profesionales.

Dentro del modelo biomédico, ¿qué papel juegan las clasificaciones diagnósticas, tales como el DSM y el CIE? ¿Qué método se utiliza para la determinación de los diferentes trastornos mentales?

Juegan el papel de “sistema operativo”, predeterminando lo que saben, piensan y hacen los clínicos y lo que terminan por tener los pacientes, como si fuera lo más natural. La Psicología, empezando por la Asociación Americana de Psicología, recomienda el CIE en vez el DSM, pero, para el caso, en mi opinión, es lo mismo. Ambos se utilizan para las estadísticas de los servicios que prestan y del estado de “salud mental” de la población, como manuales diagnósticos y estadísticos que son (no propiamente fundamentos clínicos o ciencia psicopatológica). Tienen también otro uso obligado, en este caso, por las revistas científicas, que exigen definir a los “participantes” en un estudio o investigación de acuerdo con estos sistemas diagnósticos (típicamente, el DSM). Sin embargo, el propio Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (el NIMH, por su siglas en inglés), que define, por así decir, los “planes quinquenales” de investigación en psiquiatría (qué se financia y qué no, etc.), ha declarado para sorpresa de la propia Psiquiatría, pero con coherencia, en vista de lo que hay, que no utilizarán el DSM, por su falta de validez. Personalmente, no sé qué harán ahora las revistas y los investigadores, pues, utilizar el DSM sería como prevaricar, usar un sistema diagnóstico a sabiendas de que no es válido.

Algunas voces críticas dentro del ámbito de la Psiquiatría llevan años alertando sobre la falta de validez y los perjuicios que genera el uso de las etiquetas diagnósticas. De acuerdo con estos profesionales, ¿qué razones argumentan para concluir que su uso es más perjudicial que beneficioso?

De siempre, los sistemas diagnósticos psiquiátricos han recibido críticas, que ya formaban parte de su seguir adelante, como si dijeran “ladran, luego cabalgamos”. Pero ahora, lo perros ladradores, son mordedores, porque ya no son psiquiatras “hippies”, anti-psiquiatras, psiquiatras anti-sistema, los que alzan la voz, sino psiquiatras del sistema, como el señalado NIMH. Ya no se trata de francotiradores anti-sistema, sino de una crisis interna del propio sistema, que pone en entredicho el sentido común y el mundo dado por hecho de la Psiquiatría, por así decir, su sistema operativo (como la Psiquiatría fenomenológica supone que ocurre en la esquizofrenia). El DSM-5 nació clínicamente muerto, porque ya antes de su aparición (en mayo de 2013) estaba repudiado por falta de validez. Los sistemas diagnósticos han mejorado la fiabilidad a costa de la validez. Como se sabe, una medida puede ser muy fiable y, sin embargo, no servir para lo que se supone debiera servir. La evaluación de los lunares de la piel es bien fiable, pero no tiene validez para diagnosticar un melanoma.

Los diagnósticos psiquiátricos carecen de validez en su tres dimensiones: discriminante, predictiva y de constructo. Carecen de validez discriminante o de contenido, ya que no discriminan unos diagnósticos de otros (dando lugar, por ejemplo, a la aberración diagnóstica de la comorbilidad), ni lo que es normal de lo que pudiera ser trastorno (dando lugar a la patologización de los problemas normales de la vida), todo ello debido a que dejan fuera el contenido de lo que realmente le pasa a la gente. Carecen de validez predictiva porque no sirven ni para predecir la evolución del problema, ni la respuesta al tratamiento. Empezando porque la medicación psiquiátrica no tiene ninguna especificidad (los nombres de “antidepresivos”, “antipsicóticos”, “estabilizadores del humor”, son eslóganes comerciales, que no definen para nada especificidades fármaco-clínicas). Las terapias psicológicas tampoco son específicas (así, por ejemplo, la terapia cognitiva de la depresión se aplica a todo, mutatis mutandis). De hecho, existe un interés creciente por las dimensiones transdiagnósticas y por principios terapéuticos más que por técnicas específicas. Finalmente, la validez de constructo o conceptual brilla por su ausencia, porque no se sabe cuáles son los problemas que les ocurren a la gente y que los clínicos debieran entender. Desde luego, con el DSM, no se entienden: los problemas de la gente no son 3 síntomas de 5, y así. Falta una psicopatología (pace Costa y López) de base fenomenológica, interesada en describir la estructura o gestalt de los problemas psicológicos, comprenderlos en la perspectiva de primera-persona y explicarlos en el contexto biográfico y circunstancias de la vida. Nada de eso permiten los sistemas diagnósticos al uso.

Por otro lado, el grueso de los profesionales en salud mental y los pacientes se muestran reacios al abandono de las etiquetas diagnósticas, alegando que les permiten “comprender” y dar significado a la experiencia de sufrimiento que están viviendo. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Las etiquetas diagnósticas son lo que hay: lo que los clínicos saben hacer en salud mental (y algunos, quizás, no más que eso) y lo que los pacientes esperan, según ellos, al estar conformados por el modelo médico, aún antes de ir a consulta, como decía. A unos y otros, por una o por otra función, les sirven. A los clínicos les da estatus y rol a imagen y semejanza de médicos, así como seguridad, pautas de apego y tranquilidad. Por su lado, los pacientes se sienten comprendidos, siquiera fuera porque su problema encaja en un cuadro conocido y el clínico sabrá lo que tiene que hacer. Esto da “moralización”, en el sentido de J. Frank: alivia la preocupación y promueve la esperanza (y de paso conforta a los clínicos), lo que puede ser un factor “curativo”. Sin embargo, los diagnósticos al uso no son lo mejor que se pueda ofrecer, ni inevitables.

Con todo, la cuestión no es clasificar o categorizar, que son formas del entendimiento humano y actividades científicas y técnicas esenciales, sino el fundamento y el uso que tenga la clasificación y categorización: si están fundadas de la mejor manera y tienen un uso razonable y honesto. Cosa que no ocurre con las clasificaciones psiquiátricas de las que hablamos: que ni están fundadas - porque no captan ni describen la realidad por sus “junturas naturales”, como diría Platón, como si un carnicero despiezara las reses a hachazo limpio y simplemente por las protuberancias observadas, a bulto-, ni tampoco se usan razonablemente, porque se utilizan a menudo para comercializar medicamentos y patologizar la vida cotidiana. El hecho de que aparezcan con frecuencia problemas categorizables, como ansiedad y depresión, se debe, en mi opinión, a que son, más que categorías clínicas o “enfermedades”, categorías existenciales, propias de la condición humana de ser-en-el-mundo, con sus incertidumbres, inquietudes, pérdidas, etc.

Frente a este modelo biomédico en salud mental, ¿qué otras alternativas se han propuesto y en qué consisten?

Por supuesto que hay vida más allá del modelo biomédico. El problema no es que no haya alternativas, el problema es, incluso, que hay abundancia de ellas, como suele pasar en Psicología. El problema es que no tienen el poder institucional para hacerse valer, como lo tiene el modelo biomédico: que sin el fundamento científico que se arroga está implantado como si fuera la verdad incuestionable. En Psicología Clínica, existen alternativas a los sistemas diagnósticos psiquiátricos, algunas de las cuales son ellas mismas sistemas diagnósticos psicológicamente fundados y operacionalizados. Así, por ejemplo, existe el sistema diagnóstico psicodinámico operacionalizado, desarrollado en Alemania, que si bien no deja de adherirse al patrón del CIE-10, lo cierto es que está fundado en la experiencia de enfermedad, las relaciones interpersonales, los conflictos y la estructura psíquica del paciente. El cliente como autosanador activo es toda una alternativa de parte de la terapia humanista. El enfoque sistémico es alternativo al enfoque biomédico. El análisis funcional de la conducta es una alternativa de siempre a los sistemas diagnósticos tradicionales. El trastorno de evitación experiencial definido por la terapia de aceptación y compromiso se ofreció en su día como una alternativa transdiagnóstica a las categorías diagnósticas tipo DSM. El enfoque contextual de las terapias de tercera generación ofrece un modelo enteramente alternativo al modelo médico.

Dentro de la propia Psiquiatría existen también alternativas, igualmente dispares. Así encontramos los criterios de dominio de investigación (RDoC, por sus siglas en inglés) promovida por el NIMH (que había declarado que no usarían el DSM), sobre la idea de dimensiones comunes transdiagnósticas y la esperanza de identificar circuitos neuronales defectuosos. Por su parte, la Red Internacional de Psiquiatría Crítica, de origen británico y que propugna la abolición del DSM y el CIE, reivindica la rehabilitación psicosocial como alternativa.

Consiguientemente, alternativas no faltan, incluso abundan. Lo que falta es poder institucional para hacerlas valer. ¿Pero cuáles? Esa es otra. La paradoja es que la pluralidad de alternativas facilita que todo siga igual. Pero sin alternativas, sería peor. ¿Por qué no promover una alternativa única, consensuada?: la comunidad científica no se pondría de acuerdo (lo de “comunidad” es un decir). Cuando se establecen consensos en Psiquiatría están apañados, a menudo, plagados de intereses. Hay que ser optimistas en que es muy difícil que las cosas mejoren.

¿Qué datos empíricos avalan estas posturas?

Permítase un reparo por mi parte a la insistencia por los “datos empíricos”, bajo el supuesto seguramente de que si hay datos, algo ya está justificado, como cuando se contraponen datos o hechos a opiniones o teorías, como si éstas no fueran también hechos y éstos, a su vez, opinables. Los datos empíricos abarrotan el mundo, incluyendo la Psiquiatría y la Psicología. Lo que faltan son conceptos, ideas y teorías para mejor entenderlos. Así, por ejemplo, la Psiquiatría nunca dispuso de tantos datos empíricos como ahora y, sin embargo, o quizá precisamente por ello, está sumida en la mayor crisis de su historia. Hay montones de “hechos” conocidos sobre la esquizofrenia (una revisión encuentra 77), pero al final no se sabe qué es: si es una entidad, varias o ninguna, ni dónde seguir buscando. Entretanto, ahí está la gente con esas alteraciones de la experiencia del mundo y de sí mismos tan extrañas, abrumadoras e incomprendidas.

Las alternativas señaladas disponen de datos empíricos que las sustentan: sean datos ya existentes debidamente interpretados en su línea o sean datos obtenidos en su propia línea de producción. Así, por ejemplo, el sistema RDoC retoma hallazgos básicos de la Psicología Experimental a partir de los cuales ir ampliando dominios y rellenando casillas (genéticas, neuronales, etc.). Por su parte, la Red Internacional de Psiquiatría Crítica se atiene a las prácticas existentes en la rehabilitación social, intervenciones comunitarias, grupos de auto-ayuda, etc. El enfoque humanista emprendió el estudio de las relaciones empíricamente apoyadas, en paralelo y como contrapunto del movimiento de los tratamientos empíricamente apoyados. Las terapias contextuales constituyen un programa de investigación que genera datos experimentales y evidencia clínica en su propia línea, que avalan sus concepciones y procedimientos.

El problema no es falta de datos, sino de ideas y teorías. En Psiquiatría y Psicología las diferencias entre los enfoques no se reparten entre los que carecen de datos empíricos y los que los tienen (todos los tienen en alguna medida). El problema es que no existen acuerdos, ni teorías unificadas, ni se esperan. Al final, prevalece la fuerza institucional sobre la racionalidad más sensata (como para luego diagnosticar a la gente por su “insensatez”, “neurosis” o “esquizofrenia”).

La Asociación Británica de Psicología (BPS) se ha posicionado recientemente contra el uso de las clasificaciones diagnósticas en salud mental, proponiendo la aplicación de “la formulación psicológica” frente a las etiquetas diagnósticas. ¿Podría explicarnos en qué consiste la “formulación psicológica” y poner algún ejemplo?

Una de las maneras de entender la “formulación psicológica” es la “formulación del caso”, de acuerdo con conocimientos establecidos en la Psicología, que incluyen la concepción y explicación del problema, su evaluación y análisis, así como la derivación de un procedimiento de ayuda, de solución o de terapia. Se trata de un enfoque ideográfico, centrado en la persona y sus circunstancias, que no deja, ni puede dejar de implicar la tipificación, clasificación o categorización. Si bien cada caso es único, ninguno es lo nunca visto. El problema no es usar categorías, sino qué categorías usar. Así, las terapias psicológicas tienen sus categorías, conceptos, términos y procedimientos, de acuerdo con los que formulan el caso. Dentro de su variedad (que, para bien y para mal, existe), en general, las terapias psicológicas tratan de entender los problemas de la gente en el contexto biográfico de la persona y sus circunstancias, y la posible ayuda o solución deriva de la co-operación o “alianza de trabajo” entre el consultante y el profesional. La tendencia que tienen los psicólogos a normalizar los problemas y validar lo que hace la gente tiene que ver con la comprensión a la que llegan del caso, como si dijéramos que dada su historia y circunstancias de vida, es normal que a la persona le pase lo que le pasa. A partir de aquí, la cuestión es ver cómo ayudar a salir de la situación.

¿Qué ventajas proporciona la formulación psicológica frente a un diagnóstico psiquiátrico? ¿E inconvenientes?

La formulación psicológica estudia el caso en su particularidad y define objetivos y soluciones de acuerdo con las posibilidades, condiciones y formas de vida de la persona (por ejemplo, acordables en la terapia). El problema se trata de acuerdo con su propia naturaleza biográfica y circunstancias actuales, sin el estigma que suele tener la enfermedad mental. Los “pacientes” se sienten comprendidos y pueden llegar a ser agentes activos en la salida de sus problemas actuales y abordaje de los futuros.

En cuanto a los inconvenientes, veo dos. Uno es que la formulación psicológica puede incurrir todavía en un modelo biomédico subrepticio, cambiando términos neurobiológicos y diagnósticos psiquiátricos por otros de factura y nomenclatura psicológica. Otro inconveniente es que la formulación psicológica se presta a formulaciones “silvestres”, al gusto y aliño del clínico de turno. Sería la diferencia del leguleyo respecto del jurista, del practicón respecto del médico, o del chapuzas respecto del profesional.

A su modo de ver, ¿considera que estamos viviendo un proceso de cambio de paradigma en salud mental? ¿Qué futuro cree que se presenta para la Psicología?

Como he dicho, soy optimista en percibir las dificultades para que las cosas cambien, lo que, si por un lado, te sitúa en la cruda realidad, por otro, puedes percibir sus grietas y resquicios para el cambio, donde hincar palancas. Dentro de su poder institucional, que no científico, el modelo psiquiátrico está en quiebra: sin genes, sin marcadores biológicos, sin diagnósticos válidos, sin medicaciones específicas (cuya utilidad no es sino el posible beneficio de su toxicidad). Por su parte, la Psicología está ofreciendo alternativas. Incluso en la esquizofrenia, que es la piedra de toque y último baluarte de la Psiquiatría Biológica, sin más que el poder institucional de la medicación establecida como ley, la Psicología está ofreciendo alternativas explicativas y asistenciales. Al fin y al cabo, lo que más se sabe en términos etiológicos y patológicos de la esquizofrenia tiene que ver con experiencias traumáticas, pautas de apego desorganizado y procesos de despersonalización. Por otra parte, no deja de ser curioso que el único trastorno con etiología reconocida en el DSM sea el de estrés postraumático.

En relación con alternativas asistenciales, no está de más recordar un recorrido paralelo que data de la década de 1950 de la historia de los antipsicóticos, hoy día en entredicho a pesar de su amplio uso (véanse los libros de Moncrieff) y de la Sociedad Internacional para la Aproximación Psicológica y Social a la Psicosis (ISPS), hoy en alza, como se ve, por ejemplo, por los cursos anuales sobre esquizofrenia (el nº XVIII en 2013) en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, la edición de la revista Psychosis: Psychological, Social and Integrative Approaches y la serie de libros de la colección Psicopatología y Psicoterapia de las Psicosis, dirigida por Jorge Tizón de la Editorial Herder. Una nueva vida para la terapia psicológica de la esquizofrenia puede empezar a abrirse paso. No es para pensar en un futuro pluscuamperfecto, pero sí más perfecto que el pasado imperfecto en el que todavía estamos.

Para finalizar, ¿le gustaría añadir algún otro comentario de interés?

Una de las cosas que hay que hacer para un posible mejor futuro de la psicología es lo que hace Infocop: siempre alerta a las novedades de la psiquiatría (por lo común conmociones y crsis) que conciernen a la psicología y a los avances de la psicología, con las tribulaciones que sean. Es muy de agradecer su información al día, traducida cuando es el caso, comentada y acumulativa, en conexión con informaciones y documentos anteriores sobre el tema. ¡Buen trabajo y buen equipo el de Infocop!

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31

Infocop | 30/01/2014 (ver noticia)

Del 22 al 25 de enero de 2014, tuvo lugar la 44 edición de la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF), en Davos (Suiza). Este encuentro, que reúne anualmente a un amplio grupo de jefes de Estado y de Gobierno del mundo, junto a los principales expertos en economía, líderes empresariales, periodistas e intelectuales, tiene por objetivo analizar los problemas más graves que afectan al desarrollo mundial, como la salud y el medioambiente, para fijar los nuevos desafíos a los que deben hacerse frente.

El psiquiatra Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health - NIMH) también asistió a esta asamblea y, tras su finalización, emitió un comunicado en su blog, señalando el papel destacado que ha ocupado la salud mental en esta edición. Es el año en el que la salud mental se ha convertido en un tema candente en el Foro Económico Mundial, con más de 20 sesiones sobre salud, centradas en los trastornos mentales, la demencia o las terapias de atención plena (mindfulness)”, explica Insel. Algunos líderes políticos, como el primer ministro de Noruega, Philip Campbell, declararon que la salud mental constituía su atención prioritaria y, de manera generalizada, se ha advertido de la necesidad de adoptar un enfoque global sobre este “problema emergente, gravemente estigmatizante y frecuentemente mal entendido” (del mismo modo que fue considerado en su momento el problema del SIDA en la asamblea del WEF de 1994).

Según T. Insel, el hecho de que los trastornos mentales centren la atención de un foro económico se explica por tres razones fundamentales. En primer lugar, los problemas de salud, especialmente las enfermedades crónicas no transmisibles (es decir, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y los trastornos mentales), se han convertido en la principal amenaza económica para la salud pública. De acuerdo a un estudio del WEF, los trastornos mentales supondrán un gasto para la economía mundial de 6 billones de dólares en el año 2030, encabezando la lista de la carga económica asociada a problemas de salud, y esto sin tener en cuenta el hecho de que los problemas de salud mental aumentan considerablemente, además, el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas. En segundo lugar, los trastornos mentales, sobre todo, la ansiedad y la depresión, suponen una amenaza para la productividad de las empresas, si se tienen en cuenta las cifras de absentismo y bajas laborales que generan.

Finalmente, el director del NIMH apunta que la Asamblea anual ha puesto de manifiesto que el siglo XXI pertenecerá a “las economías centradas en el cerebro”, de ahí el interés mostrado tanto en EE.UU. como en Europa por desarrollar avances en el ámbito de la neurociencia, así como el emergente crecimiento de las políticas sobre salud mental, que promueven recursos desde el desarrollo del niño hasta la prevención de la demencia. A este respecto, Insel añade que “es importante destacar que uno de los comentarios recurrentes en las sesiones de Davos fue la importancia de la inclusión de los factores sociales en la investigación y los tratamientos para los trastornos mentales”. Junto la expresión de “no hay salud sin salud mental”, podemos añadir, a partir de la asamblea del WEF, que “no hay riqueza sin salud mental”, apunta T. Insel.

La Asamblea anual del Foro Económico es un indicador de las próximas tendencias mundiales, por lo que “el surgimiento de la salud mental como un tema candente en la reunión de este año es sólo un ejemplo del creciente reconocimiento de que ha llegado el momento de centrar los esfuerzos en este grave problema de salud pública, que ha recibido escasa atención hasta ahora”, concluye finalmente el director del NIMH.

Fuente:

Mental Health in Davos

Modificado por última vez en Viernes, 18 Julio 2014 12:31

¿Cuándo Acudir a Fundación Anna O?

Fundación Anna O. está especializada la educación emocional de la mujer, esta puede verse afectada por múltiples factores, muchos de ellos difícilmente perceptibles por quien los sufre. Algunos de los casos que solemos tratrar son: Maltrato físico y psíquico, abusos sexuales, violación, separación, depresiones, angustias, fobias, ataques de pánico, dificultades en la sexualidad, embarazos indeseados, dificultades en el aprendizaje, intentos de suicidio, anorexia, bulimia, conflictos familiares, y todo aquello que derive en un sufrimiento intolerable.

Nuestros Centros

Málaga
C/ Cañuelo San Bernardo nº3
29008 Málaga


Antequera
Calle del Picadero, 3 Portal 4,
Escalera A, 2º 1
29200 Antequera - Málaga

Información y Atención

Tlf: 952 21 29 33
[email protected]
www.fundacionannao.org