La Medicación No Cura la Enfermedad Mental - Fundacion Anna O. Apoyo a Mujeres
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La Medicación No Cura la Enfermedad Mental

Eso dicen las mujeres de nuestros grupos al poco de iniciar el tratamiento basado en la psicoterapia de escucha psicoanalítica. Vienen con el convencimiento de que los medicamentos que le han prescrito en su Centro de Salud,  son ineficaces para lo que ellas tienen.  Razón no les falta. Lo viven en su cuerpo  y lo comprueban en sus familiares, amigos y  luego, en sí mismas. La medicación “atonta”,  “me deja zombi” “me  imposibilita para hacer vida normal e ir a trabajar” “paso los días del sofá a la cama y de la cama al sofá, sin vida, sin alegría”. “Mis hijos no se merecen tener  una madre inútil, deprimida, sin ganas de vivir y que no pueda ni cuidarlos.”  Estas son algunas de las formulaciones  enunciadas por las mujeres para plantean un malestar de la vida cotidiana, que la medicina y la industria farmacéutica se han empeñado en medicalizar o en declarar como enfermedad oficial, o aún peor, creando nuevas enfermedades para ampliar el mercado de consumidoras de fármacos.

 

El  imperialismo farmaceútico como efecto del discurso de la ciencia, en tanto saber que no se cuestiona, ha conseguido aumentar sus dividendos al triplicar  en la última década, el número de personas que consumen antidepresivos,  y convertir en líder de ventas mundial antipsicóticos como  Risperdal,  Zyprexa o Seroquel,  fármacos bien conocidos por las mujeres que los consumen,  aunque en su mayor parte  sin necesitarlos,  debido a que  la psiquiatría ha transformado en  patología acontecimientos habituales  de la vida de las personas. La psiquiatría y el negocio farmacéutico parecen desconocer que, “la desgracia no está inscrita en los genes o en las neuronas. Cada sujeto tiene una historia singular, y esta lo hace reaccionar de una manera diferente de otro en situaciones idénticas.” (Roudinesco,1999)

La industria farmaceútica hace su agosto con las mujeres,  son ellas sus mejores “clientes” en la medida en que suelen acudir en mayor número  a los Centros de atención sanitaria,  aprovechando que sus  problemas  están asociados a trastornos de salud como  la ansiedad, o trastornos del ánimo como depresión, tristeza, decaimiento, miedos, momentos de pánico, etc.

“El año pasado 22 millones de europeos llegaron a sufrir un trastorno de ansiedad y 12 millones un trastorno del ánimo. La enfermedad mental, que se ha convertido en una plaga mundial,  supondrá en las próximas dos décadas,  un gasto superior a los 16 billones de dólares en todo el mundo.” (Aída de Vicente y Cristina Castilla. INFOCOP. Nº57)

En el año 2005, Jörg Blech, biólogo, bioquímico y periodista científico editó en Alemania un libro, rigurosamente documentado, titulado, Los inventores de enfermedades. Cómo nos convierten en pacientes,  en el que denuncia sin tapujos cómo   la psiquiatría,  asociaciones de médicos,  el marketing  y la industria farmacéutica han establecido una alianza perversa para crear enfermedades, diagnosticarlas como tales y  producir medicamentos, que venderán a los incautos “enfermos” que están sanos,   y así,  amasar grandes fortunas.  Menopausia masculina, el síndrome del SHDA, colesterol alto, timidez, fatiga crónica,  fibromialgia… ¿hasta que punto todas estas enfermedades realmente lo son? ¿Es útil tratarlas médicamente, o es la industria farmacéutica la que crea falsas necesidades orquestando campañas de marketing poco éticas?

Estas cuestiones que plantea J. Blech,  podemos las mujeres hacerlas nuestras para despertar de la pasividad o de la sugestión, e  interrogarnos acerca del discurso de la ciencia para no dejarnos manipular y sacar nuestras propias conclusiones para buscar alternativas en otras terapias que no sean exclusivamente la del medicamento.

En esta línea, la OCU ha lanzado la voz de alarma sobre la elevada prescripción de fármacos antidepresivos y ansiolíticos en nuestro país a pesar de que “la opción más exitosa y la que debe aplicarse en primer lugar es la psicoterapia” y solicita, en consecuencia “más accesibilidad a los tratamientos psicológicos y que se destinen más recursos a este fin y una mayor concienciación social.”

En la misma línea Elisabeht Roudinesco, en su obra ¿Por qué el psicoanálisis? cita a Jean Delay,  principal representante francés de la psiquiatría biológica que ya en 1956 afirmaba: “ conviene recordar que en psiquiatría la medicación no es más que un momento del tratamiento de una enfermedad mental y que el tratamiento de fondo sigue siendo la psicoterapia.”

Ansiedad y depresión, continúa esta autora,  “han devenido  como epidemia psíquica de la sociedad  contemporánea,  dominan la subjetividad de nuestro tiempo así como la histeria dominaba en la Viena de Anna O., en el siglo XIX ,  quien llegó a bautizar como cura por la palabra lo que después se conocería como psicoanálisis. Nadie niega ya que  la depresión, la ansiedad, la fibromialgia y otras dolencias de hoy día,  son formas actuales de histeria, un conflicto psíquico que resurge a través del cuerpo, cuya causalidad proviene del inconsciente.”

Freud en sus Escritos sobre la histeria ya plantea este fenómeno de conversión, consistente en que un suceso, un acontecimiento vivido dolorosamente,  cuando no encuentra la vía normal de descarga, ha de buscar otra en sustitución y la encuentra en los órganos del cuerpo, convirtiendo el dolor psíquico en un síntoma corporal.

Esta transformación de un acontecimiento psíquico en otro somático está claro que no podrá curarse jamás con una pastilla en la medida en que no es el método que conseguiría encontrar la causa del mal, en tanto que esta causa al ser psíquica debe ser atendida lógicamente con métodos psíquicos.  La causa sigue siendo psíquica aunque el síntoma se sienta en el cuerpo.  Y esto es lo que despista a quienes padecen un dolor de cabeza recurrente, una afonía, una depresión, dolores y contracciones musculares como en las fibromialgias, o cualquier otro trastorno con el que vienen muchas de las mujeres que acuden a nuestro Centro de psicoterapia.

Un abuso en la infancia puede llegar a convertirse en un dolor crónico en el cuerpo. Un duelo no resuelto puede llevar repetidas veces a una mujer al quirófano. Una hija que no ha sabido gestionar la etapa de despegue de su madre puede llegar a tener serias dificultades en la realización de su sexualidad y luego de su maternidad, o trasladar inconscientemente en su hija cuando la tenga, este conflicto no resuelto, que hará insufrible la relación entre ambas. Anorexia;  bulimia; rebeldía continua;  comportamientos antisociales o delictivos;  sometimiento patológico;  timidez;  problemas en los estudios; agresiones físicas o verbales,   son modalidades en que un sujeto va a manifestar la forma en que su deseo  ha quedado perturbado.

Las mujeres estamos obligadas a reflexionar acerca de nuestra salud, de nuestra historia, de nuestros límites, de nuestra sexualidad y de nuestros deseos,  y  decidir si seguir aceptando o no,  el mercadeo que permite poner nuestra salud mental y nuestro cuerpo en peligro al  someterlo a los excesos de un otro abusivo. Tenemos que recuperar un saber de nosotras mismas para  tomar decisiones acertadas, protegernos de los riesgos, y elegir  lo mejor. Y esto podemos lograrlo con una psicoterapia psicoanalítica.

No son pocas las mujeres que vienen a nuestros grupos de psicoterapia para desintoxicarse de los fármacos que supuestamente las iban a curar de su ansiedad o depresión que  quedaron intactas, ocultas,  tras los efectos de la medicación. Las psicoterapeutas, en esos casos, nos encontramos con que hay que hacer un doble trabajo, uno para ayudar a conocer las causas de la depresión y el otro para desintoxicarlas de la adicción a los fármacos.

Situaciones normales de la vida como el fallecimiento de un ser querido, o la separación entre una pareja son fácilmente intervenidas por la medicina  con ansiolíticos o antidepresivos sofocando un duelo que quedará pendiente de ser elaborado, y cuyos síntomas emergerán posteriormente, tan pronto como  la paciente decida abandonar  la medicación voluntariamente.

El  doctor Rof Carballo, en su obra Violencia y Ternura, pone en cuestión la posición de ceguera de la Ciencia que excluye lo subjetivo del acontecer humano: “ En mi propio oficio de médico, mi estupefacción crece cada día, al ver a la mayoría  de mis colegas absorbiendo la inmensa ciencia médica de nuestro tiempo, maravillosa descubridora de los mil secretos de la naturaleza y cerrando implacablemente los ojos a las realidades cotidianas que sus enfermos les enseñan, al poner de manifiesto la estrecha vinculación de sus biografías personales con su enfermar, de sus conexiones interpersonales y familiares con la cronicidad de su mal. Esto tan evidente……. no lo quieren ver un elevadísimo número de médicos contemporáneos. Hay en ellos, como en toda la ciencia de nuestros días, un celo de no saber”

El manual de enfermedades mentales que usa la psiquiatría para su diagnóstico (el DSM-IV), contiene 395 enfermedades diferentes, un aumento sorprendente si tenemos en cuenta que tras la segunda guerra mundial el número de trastornos registrados ascendía solo a 26. “Vender una enfermedad para vender medicamentos es una estrategia muy típica de la neurología” (J.Blech,2005).

En la actualidad, todas las fases de cambio naturales en las mujeres, sin excepción, son consideradas problemas médicos: la pubertad, el embarazo, el parto, los días del periodo (síndrome premenstrual), la propia menstruación y por último, la menopausia. ¿Cuáles son las fronteras que delimitan la definición de sana y enferma? En la actualidad esta frontera se ha desplazado tanto que los procesos que antes eran considerados como algo normal  ahora se consideran patológicos, de modo que la medicina amplia su campo de intervención, no siempre en beneficio de las pacientes. El aumento cada vez mayor de histerectomías en mujeres con úteros sanos para “prevenir males mayores”,  la prescripción de anticonceptivos para no tener la regla durante meses enteros, los nacimientos a la carta por cesárea programada, la  ingesta de estrógenos en la menopausia con los riesgos para la salud que ello comporta, señalan a las mujeres como un mercado apetecible para las farmacéuticas. Y este mercado, en su voracidad sin límites, lo han extendido a sus hijos.  Pensemos en el síndrome de SHDA que nombra a los niños hiperactivos y con déficit de atención. ¿Qué es éste síndrome  tan de moda del SHDA?  Una cuestión de educación. Sin embargo, estos niños son diagnosticados como enfermos, medicados bajo el beneplácito de los padres y educadores  y a edades muy tempranas con medicamentos de la familia de las anfetaminas, una droga estimulante que actúa directamente en el cerebro de sus hijos con los mismos efectos que la cocaína, para obtener paradógicamente,  niños tranquilos y atentos.

Me pregunto de qué manera estos niños habrán quedado afectados posteriormente cuando sus cerebros, todavía en desarrollo,  han sido impactados  por años de medicación tóxica.

Lo que antes era  un problema de educación y se resolvía con estrategias elaboradas por los padres y los pedagogos, hoy queda velado por la comodidad de los adultos que no quieren saber acerca de la verdad del síntoma que afecta a sus hijos. Un síntoma es lo que dice la verdad de algo o de alguien. Teniendo en cuenta que el hijo es el síntoma de los padres, el síntoma representaría en ese hijo, el retorno de lo reprimido familiar. “Si toda familia se basa en un secreto, el sujeto en su síntoma es respuesta a ese secreto, no como lo no hablado sino de lo que no se puede hablar” (J.A. Naranjo, 2006)

Sin embargo, en medio de este panorama donde las mujeres quedan des-subjetivadas para ser carne de la ciencia, mujeres que sin saberlo, prestan sus cuerpos al goce sádico de un otro que actúa como si tuviese derecho, algunas voces, cada vez más numerosas, a lo largo de este 2012,  “advierten del peligro de que la industria farmacéutica haya acumulado demasiado poder e influencia a la hora de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla.” ( de Vicente/ Castilla)

En efecto,  investigadores de diferentes disciplinas, que cuestionan la eficacia y las consecuencias peligrosísimas de los psicofármacos en nuestro organismo,  han salido al cruce de los excesos de la industria farmacéutica denunciando que este “mercadeo” obedece a otros intereses.

¿Qué  intereses más  poderosos que el juramento hipocrático  hacen olvidar el cumplimiento de una ética a quienes colaboran con los intereses comerciales de las farmacéuticas, que inventan enfermedades falsas y crean un mercado de enfermos imaginarios con el consiguiente daño para los pacientes que juraron curar?

¿Será la presencia de una pulsión de destrucción que Freud descubrió en el corazón de cada ser humano habitado por la sola fuerza de la pulsión de muerte,  que es “la más ciega, la más compulsiva, la más invasora.”? (Roudinesco , 1999)

Si desde el punto de vista de la clínica psicoanalítica la pulsión de muerte apunta al hecho de cómo un sujeto se expone inconscientemente y de forma repetitiva a situaciones dolorosas, extremas o traumatizantes, que le reactualizan experiencias vividas con anterioridad, también lo confronta permanentemente,  a la esencia misma  de los principios de su propia destrucción.

El crimen, la búsqueda de poder, la corrupción, la violencia,  son actos que forman parte de lo propio del hombre. A estos actos siempre se retorna  en tanto que la pulsión se satisface por vía de la repetición  a pesar de los límites que  impone la civilización y a sabiendas de que no todo puede ser civilizado. Freud ya lo había dicho en el  Malestar en la cultura, “Nuestros contemporáneos  han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales, que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre.”

Málaga, Julio de 2012.

Carmen Ruiz del Castillo.
Psicoanalista, psicoterapeuta de grupo de mujeres de la Fundacion  Anna O.

Bibliografía

Freud, S.   Estudios sobre la histeria. O.C. Vol.I. Editorial Biblioteca Nueva.

Freud, S.   Inhibición, síntoma y angustia. O.C. Amorrortu. Vol. XX

Freud, S.   Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Amorrortu. Vol. XI

Roudinesco, E.   ¿Por qué el psicoanálisis? Paidos. Barcelona 2000.

Naranjo Mariscal, J.A.  “La familia hace síntoma” en Razón del psicoanálisis. Escuela Lacaniana de Psicoanalisis. Barcelona 2007

Blech, Jörg. Los inventores de enfermedades. Como nos convierten en pacientes. Editorial Destino. Volumen 65. Barcelona 2005

Lebrun Jean-Pierre. Un mundo sin límite. Ensayo para una clínica psicoanalítica de los social. Ediciones del Serbal. Barcelona 2003.

Rof Carballo, Juan.  Violencia y Ternura. Edit. Espasa Calpe S.A. Madrid, 1987. Colección Austral.

de Vicente, Aida y Castilla, Cristina. “Revista del colegio oficial de psicólogos, INFOCOP.” Nº 57.  pag. 22-23.

Modificado por última vez enMartes, 30 Septiembre 2014 20:28
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